domingo, 3 de noviembre de 2013

Frankly, my dear, I don't give a damn.


Así le contestaba Rhett a Scarlett en la película “Gone with the Wind” (“Lo que el viento se llevó”) cuando ella entre lágrimas por su marcha le dice “Where shall I go? What shall I do?” La pobre de Scarlett… ¿o no? Viendo el análisis que hace el psicólogo catalán Xavier Guix sobre los típicos perfiles de controladores, Scarlett no es más que una chantajista emocional que pretende hacer responsable a Rhett del devenir de su vida. Así que lo mejor que podría haber hecho éste es salir sin mirar siquiera hacia atrás.

Dejando a un lado lo cinematográfico del asunto, no deja de ser esto un marco de la realidad bastante alarmante. Scarlett, no representa más que la persona que se va olvidando de sí misma, que se desvive – deja de vivir – por los demás. De esto es una importante responsable la inseguridad, la que por cierto es cada vez más una norma que una excepción en las personas. El motivo de este porqué puede ser ampliamente discutido, pero mi opinión es que estamos viviendo en lo que proyectamos hacia fuera y no hacia dentro, en el “estar” en vez del “ser”. Buscamos la aprobación o la negación de nuestras acciones, sentimientos, circunstancias, etc. fuera de nosotros y vamos cediendo en ellos el control de nuestras vidas. Nos vamos convirtiendo en perfectos desconocidos ante el espejo y ¿cuándo lo desconocido nos transmite seguridad?
Siguiendo con Scarlett, ella no es capaz de reorientar la pregunta a “Where do I want to go? What do I want to do?” sino que prefiere dirigir todo su potencial a cómo hacer cambiar lo externo. Una frase de Walter Riso dice “La sabiduría de la felicidad es distinguir lo inevitable de lo evitable, lo que está bajo mi control y lo que escapa a él”. No podemos controlar la mayoría de las situaciones que nos acontecen, pero sí podemos controlar cómo éstas nos afectan. Para eso es necesario hacer reiteradas inmersiones introspectivas en las que ese desconocido del espejo se vaya haciendo amigo y en la que vayamos recuperando el control de nuestras vidas. Sólo entonces, perdonaremos a Rhett.

¿No es hora de reconocernos?


“En el intento de llegar a todas partes vamos dejándonos la piel, sufrimos. Son tantas las cosas que debemos controlar y, añado “hacer bien”, cuando no “a la perfección”, que no tardan en aparecer los miedos a no poder, a no llegar, a morir en el intento. Si el miedo es el sentimiento de fondo, las obsesiones y las exigencias son la marabunta que ruge en la mente. Entre tanto barullo se hace imposible oír la queja del alma que implora un poco de paz y de tranquilidad.” (Xavier Guix, Descontrólate)

2 comentarios:

Doctor Kaos dijo...

Siempre es más fácil que la identidad te la arme otro. Que sea el otro el encargado de definirte y delimitarte. En fin...

Unknown dijo...

Lo que siempre es más fácil es ceder la responsabilidad de tu vida, y eso es lo que es el poder: una gran responsabilidad. Al fin y al cabo, cuando te da por asir tu vida te conviertes en el único responsable de ella y...¿a quién le vamos a echar la culpa si las cosas no salen como queremos?