jueves, 14 de noviembre de 2013

El Halloween de tu vida

[Esta entrada contiene un spoiler de Life of Pi].


Una persona me dijo, haciendo referencia a la película "La vida de Pi", "...y no entiendes qué pasa hasta que no llegas casi al final". Pi cuenta a dos funcionarios japoneses la historia de un viaje maravilloso y lleno de aventuras que comienza en una barca con un orangután, una cebra, una hiena y un tigre. Los funcionarios que lo escuchan no dan crédito a esta narración.  Pi relata entonces una historia que tiene paralelismo con la de los animales. Su madre (el orangután) y un marinero (la cebra) son asesinados a mano de un cocinero que va en el bote (la hiena) para usarlos como anzuelo. El tigre es el propio Pi. Esta historia de brutalidad humana parece más creíble. Un tiempo después de verla, recordé la frase que me habían dicho. Claramente, esa persona se había quedado con la versión violenta. 


Las conclusiones a las que llegué después de pensar en esto fueron dos. La primera es lo que ya ha surgido en otras muchas conversaciones: la, cada vez mayor, aceptación de la brutalidad. Yo no sé si como decías Hobbes "El hombre es un lobo para el hombre", pero es claro que cuando algo se convierte en rutinario nos parece normal. Así, el  bombardeo diario de noticias e imágenes (ya disponibles en HD) de horror, muerte y violencia, ya no tienen el mismo efecto. Lo segundo que pensé es que además por lo anterior, las historias de "horrores" son las que parece que más nos gustan y las que antes aceptamos. Extrapolado a nuestro día a día, la tragedia está servida. Es triste, o más aún, desolador, que cuando no encontramos las respuestas a los porqués de nuestra vida, cuando podría ser cualquier cosa, la elección, "the chosen one" del abanico de posibilidades mentales que imaginamos, tiene una carga trágica. Un flaco favor el que nos hacemos puesto que la angustia, decepción o resignación, entre otros, a la que va asociado esto no hace más que miremos la felicidad de soslayo y nunca la vivamos con intensidad.

¿No es hora de vivir la vida sin drama?
—Les he contado dos historias que dan cuenta de los doscientos veintisiete días transcurridos.
—Efectivamente.
—Ninguna de ellas explican por qué se hundió el Tsimtsum.
—Así es.
—Ninguna de las historias cuentan hechos que afecten a su informe.
—Correcto.
—No pueden demostrar cuál de las dos es la verdadera. Tendrán que confiar en mi palabra.
—Supongo que sí.
—En ambas historias, el buque se hunde, mi familia entera muere y yo sufro.
—Sí, es cierto.
—Así que díganme, ya que los hechos no van a afectar a su informe y, de cualquier forma, no pueden demostrar cuál de ellas es verdad, ¿cuál de las dos historias les ha gustado más? ¿Cuál les parece la historia preferible, la historia con animales o la historia sin animales?


(Yann Martel, La vida de Pi).

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