lunes, 23 de septiembre de 2013

Vive con emoción.

Gregg Braden, en su libro “El efecto Isaías” habla de la importancia del pensamiento, la emoción y el sentimiento. La emoción no es más que la dualidad “amor” y aquello que consideremos contrario al amor – entendiendo amor como algo más amplio a lo que habitualmente estamos acostumbrados – y es lo que motiva nuestras acciones. El pensamiento, es lo que nos permite gestionar esas emociones; dirige nuestra atención hacia aquello que nos produce emoción. El sentimiento, es la confluencia de estos dos elementos. A partir de qué nos ha motivado y cómo lo hemos dirigido se generan estos.

Esta manera de entender “nuestro ser”, no es muy distinta a la que proponía, desde otro punto de vista, el neurocientífico Paul Maclean, quien realiza la “teoría del cerebro triuno” – dicha teoría fue formulada anteriormente por el psicólogo alemán Franz Brentano. Dicha teoría, sugiere que existen tres cerebros en uno: el reptiliano, el límbico y el neocórtex, relacionados respectivamente con el hacer, el sentir y el razonar.

Actualmente, personajes como Claudio Naranjo, Doctor en Medicina por la Universidad de Chile, promueven cambios en el sistema educativo relacionados con el equilibrio entre estas partes que nos conforman. Para él, la crisis de la sociedad viene por el estancamiento en la mente patriarcal: una mente insensible y llevada puramente por la razón. Cito textualmente, una “tiranía de la razón sobre la emoción y el placer instintivo”.


Lo que para mí es claro, es que desde niños aprehendemos aquellas cosas que despiertan en nosotros la emoción. Éstas, las canalizamos y generan un sentimiento. Las cosas que vivimos de esta manera pocas veces las olvidamos y son nuestra esencia. “La letra con sangre entra” tal y como pintó Goya, se ha convertido en el estandarte de nuestras vidas, en todos sus campos. Nos movemos en un torrente de sinsentido, una obediencia compulsiva y, por supuesto, la tristeza de no reconocernos a nosotros mismos.

¿No es hora de ponerle emoción a tu vida?



 “En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes perecieron. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo. Pero, si pudiéramos comunicarnos con la mosca, llegaríamos a saber que también ella navega por el aire poseída de ese mismo pathos, y se siente el centro volante de este mundo”.
(Friedrich Nietzsche, Sobre la verdad y mentira en sentido extramoral).

1 comentario:

Lolaolivos2013 dijo...

Este enlace ilustra y enriquece tu exposición anterior: http://www.lanacion.com.ar/1085047-la-mision-principal-de-la-escuela-ya-no-es-ensenar-cosas