Esta manera de
entender “nuestro ser”, no es muy distinta a la que proponía, desde otro punto
de vista, el neurocientífico Paul Maclean, quien realiza la “teoría del cerebro
triuno” – dicha teoría fue formulada anteriormente por el psicólogo alemán Franz
Brentano. Dicha teoría, sugiere que existen tres cerebros en uno: el reptiliano,
el límbico y el neocórtex, relacionados respectivamente con el hacer, el sentir
y el razonar.
Actualmente,
personajes como Claudio Naranjo, Doctor en Medicina por la Universidad de
Chile, promueven cambios en el sistema educativo relacionados con el equilibrio
entre estas partes que nos conforman. Para él, la crisis de la sociedad viene
por el estancamiento en la mente patriarcal: una mente insensible y llevada
puramente por la razón. Cito textualmente, una “tiranía de la razón sobre la
emoción y el placer instintivo”.
Lo que para mí es
claro, es que desde niños aprehendemos aquellas cosas que despiertan en
nosotros la emoción. Éstas, las canalizamos y generan un sentimiento. Las cosas
que vivimos de esta manera pocas veces las olvidamos y son nuestra esencia. “La letra con sangre
entra” tal y como pintó Goya, se ha convertido en el estandarte de nuestras
vidas, en todos sus campos. Nos movemos en un torrente de sinsentido, una
obediencia compulsiva y, por supuesto, la tristeza de no reconocernos a nosotros
mismos.
¿No es hora de ponerle emoción a tu vida?
¿No es hora de ponerle emoción a tu vida?
“En algún apartado rincón del universo
centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un
astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto
más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo
un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los
animales inteligentes perecieron. Alguien podría inventar una fábula semejante
pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán
sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta
el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no
existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto
que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de
la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma
tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo. Pero, si
pudiéramos comunicarnos con la mosca, llegaríamos a saber que también ella
navega por el aire poseída de ese mismo pathos,
y se siente el centro volante de este mundo”.
(Friedrich Nietzsche, Sobre la verdad y mentira en sentido extramoral).
1 comentario:
Este enlace ilustra y enriquece tu exposición anterior: http://www.lanacion.com.ar/1085047-la-mision-principal-de-la-escuela-ya-no-es-ensenar-cosas
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